Cuando hay pájaros estoy en San Antonio
Nos encontramos frente a una conversación con la memoria y una meditación sobre el origen, la oralidad y la poesı́a como forma de existencia. Antonio Trujillo nos entrega una constelación afectiva donde lainfancia, la voz materna, los sı́mbolos naturales y los gestos familiares configuran una patria ı́ntima, invisible, pero persistente.
Con un testimonio lı́rico y fragmentario, Antonio reconstruye su infancia desplazada entre San Antonio de los Altos, las islas Canarias y Cabimas, hilando recuerdos sensoriales, sueños recurrentes y episodios que adquieren dimensión mı́tica: el ombligo perdido, la niebla que entra en la casa, el turpial que representa a Venezuela, el poema robado como ofrenda.
La oralidad ocupa el centro del relato. La voz de la madre, los relatos del tı́o republicano, los poemas recitados de memoria, las entrevistas a poetas mayores: todo configura una genealogı́a donde la palabra dicha antecede a la palabra escrita. Antonio afirma —y demuestra— que los grandes poetas no vienen de la literatura, sino de la casa. De la infancia. De la voz que nos nombra antes de que sepamos escribir nuestro nombre.