El mapa de los que fueron olvidados
El miedo no se programa, se recuerda
Mateo es cartógrafo. Pasa sus noches trazando mapas de lugares que nadie quiere recordar. Vive solo, trabaja desde casa, y su único vínculo con el mundo es el correo postal.
Un día comienza a recibir paquetes anónimos. Dentro, mapas dibujados a mano. Al superponerlos con mapas oficiales, las coordenadas coinciden con casas donde desaparecieron niños. Todos los casos, sin resolver.
El primer mapa lleva a una casa abandonada. En el sótano, encuentra un mechón de pelo y una nota: "El primero. Nunca lo encontraron."
El segundo mapa lo lleva a un parque. Una placa conmemorativa: "En memoria de los niños que se fueron sin avisar."
El tercer mapa lo lleva a un sótano con paredes cubiertas de nombres escritos con tiza. Todos infantiles. Entre ellos, el suyo.
Mateo no recuerda haber estado allí. Pero su letra está en cada nombre. Y el mapa más antiguo tiene una fecha: el día que él mismo desapareció durante tres días. Los que nunca recordó.
La última coordenada lo lleva a su propio departamento. Debajo de la alfombra, encuentra una trampilla que no sabía que existía.
Abajo, una habitación con paredes cubiertas de mapas. Todos dibujados por él. En una esquina, una nota:
"No te preocupes. Cuando termines de mapear, te dejaremos salir. Pero tienes que dibujar bien la salida. Si te equivocas, te quedas aquí."
¿Quién dibujó esos mapas? ¿Por qué Mateo no los recuerda? Y lo más importante: ¿quién lleva veinte años esperando en el sótano?
El mapa de los que se fueron es una noveleta de terror psicológico de 12.500 palabras, perfecta para una tarde de lectura intensa. Para los que creen que el verdadero horror no necesita monstruos, solo espejos y mapas que llevan a lugares que no deberían existir.