Destinados
Marcos Montero nos entrega en este libro un tríptico teatral maravilloso. No es solo una crítica a los sistemas informáticos, económicos o políticos que nos trituran; es, en el fondo, un canto de fe hacia el espíritu humano y una advertencia sobre los peligros de la ignorancia. Ya sea frente a una computadora de última generación, bajo la sombra de un roble centenario o tras las cortinas reforzadas de un palacio en ruinas, estas páginas nos obligan a mirar hacia afuera, abrir las ventanas y reflexionar sobre dónde radica nuestra verdadera independencia.
A través del presente libro, el autor nos invita a transitar por tres estaciones críticas de la condición humana y social:
La primera obra “Destinados”, que le da título a este libro nos muestra el drama contemporáneo de Elías, un ingeniero de sistemas atrapado en la ilusión de la meritocracia técnica. Elías cree que el mundo puede corregirse desde un servidor y que el esfuerzo individual se traduce en estabilidad. Sin embargo, se enfrenta a una realidad volátil donde la devaluación y la traición triturarán sus ahorros en un segundo.
A través del diálogo con su madre y el fantasma de su Abuelo, una presencia que huele a tierra mojada y tabaco, la obra nos recuerda que el valor real no reside en los ceros de una pantalla, sino en la mente y el espíritu de quien trabaja. Es un retrato crudo y a la vez esperanzador sobre una generación que debe aprender a sembrar de nuevo cuando la economía se agrieta.
En la segunda obra “Simón y Simón”: El eco del roble y las hormigas
El escenario se traslada a un claro del camino andino, donde asistimos a un encuentro intelectual, íntimo y cargado de ironía entre el Libertador Simón Bolívar y su maestro, Simón Rodríguez (Robinson). Aquí, el conflicto de la libertad se eleva a una dimensión ecológica y filosófica.
Mientras Bolívar se desvela por el orden, la geopolítica y los tratados económicos para pagar las deudas de la guerra, Rodríguez actúa como la conciencia de la Tierra. Con una lucidez adelantada por siglos a su tiempo, el maestro desarma la soberbia de su discípulo: le recuerda que no se puede liberar al hombre mientras se esclaviza y despelleja el suelo que lo sostiene. El debate deja una advertencia lapidaria para el lector: el día que las monedas no puedan comprar un trago de agua limpia, la libertad será solo el derecho a heredar un pedregal seco.
Y por último la obra que cierra esta trilogía “Y Vinieron”: La farsa del poder y el bazo vacío
Finalmente, el libro cierra con una sátira política brillante, grotesca y dolorosamente cercana. En el Palacio Villa Escasez del pueblo de Cantaclaro, Don Máximo, Doña Dulce, el Dr. Verídico y el General Casquillo gobiernan en penumbras, decretando que el hambre es "desintoxicación ideológica" y sustituyendo el dinero devaluado por una nueva moneda nacional: el suspiro.
Mientras el gabinete se refugia en delirios astrológicos, gráficos holográficos invisibles, "unidades de iluminación soberana" (velas) y tácticas de guerra contra pipotes de basura, la realidad asedia las puertas del palacio en forma de gremios de la salud, artistas desalojados y maestros con hambre. La contraparte cuerda de esta locura la ejerce Pura, la señora de la limpieza, cuyo coleto arrastra el lodo de la verdad y quien nos deja una de las sentencias más feroces de la obra: el peligro de cerrar las cortinas para ignorar las protestas es que uno se queda encerrado con su propia miseria.
Carlota Ruiz