Una semana con mi abuela
Prólogo
En un mundo que gira a la velocidad de un scroll infinito, donde las conexiones suelen medirse en barras de señal y las conversaciones profundas son reemplazadas por la prisa cotidiana, el teatro se erige como ese espacio sagrado para mirarnos a los ojos. La presente obra del dramaturgo Marcos Montero nos entrega, en dos propuestas entrañables, una poderosa radiografía del alma humana, la infancia y la transformación a través del afecto.
El libro abre con la obra: Una semana con mi abuela, aquí el autor plantea con frescura el choque intergeneracional entre el torrente de la era digital y el valor imperecedero de la memoria. A través de José Antonio, un adolescente absorto en sus pantallas, y su abuela Elba, una docente jubilada armada con la pedagogía del amor y el humor de Aquiles Nazoa, Montero nos invita a reflexionar sobre la incomunicación moderna. Lo que inicia como un confinamiento obligado se transforma en una entrañable lección: que la vida real no transcurre en el mundo virtual, sino en los intermedios, en el aroma de la cocina y en la complicidad de las pequeñas certezas compartidas.
Por otro lado, en su segunda obra nos sumerge en la magia de Salvando a Panchito, una brillante propuesta teatral hipertextual que rinde homenaje a grandes clásicos de la literatura venezolana, como José Rafael Pocaterra y Pedro Emilio Coll. Ambientada en la víspera de Navidad, la obra nos presenta a un carismático y testarudo niño pregonero cuyo místico destino moviliza a su grupo de amigos en una carrera contra el tiempo. Con la aparición de la poética Primavera (La Iwa), la historia se convierte en un canto a la solidaridad, demostrando cómo la inocencia y la unión de los niños son capaces de cambiar el rumbo de cualquier profecía y "bajar el cielo a la tierra" por amor.
Marcos Montero teje en ambas obras un diálogo limpio, ágil y profundamente conmovedor. Ya sea en la sala de una casa o bajo el farol de una plaza decorada, el autor nos recuerda que los verdaderos tesoros humanos no se compran con reales ni se descargan con wifi: se cultivan con la presencia, la empatía y la voluntad de cuidar al otro.
Esta es una lectura indispensable y una invitación abierta a apagar por un momento el ruido del mundo exterior para encender, con estas páginas, la calidez del hogar y la esperanza.
Carlota Ruiz