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ISBN 978-980-402-341-5

Mi corazón estaba rezando solo

Autor:Hidalgo, Aide
Colaboradores:
0 (Director del equipo editorial)
Luis Perozo Cervantes (Diseñador)
Editorial:Universidad del Zulia
Materia:Poesía venezolana
Público objetivo:General
Publicado:2026-07-08
Número de edición:1
Número de páginas:144
Tamaño:14x21cm.
Precio:Bs30.000
Encuadernación:Tapa blanda o rústica
Soporte:Impreso
Idioma:Español

Reseña


Un instante en la vida del alma en el que la conciencia se detiene, el ruido del mundo se desvanece y, al mirar hacia el interior, descubrimos que algo en nosotros ya estaba en oración, sin que lo supiéramos. Ese instante es el cuerpo multiplicado ad infinitum del.libro: Mi corazón estaba rezando solo. Donde la poeta Aide Hidalgo, nos conduce, como si ella fuera Dante por el mundo de La divina comedia, con verso firme y corazón ardiente, mostrando los deslumbramientos de la experiencia mística, esas sendas antiguas donde el alma se despoja de todo lo que no es Dios, para encontrarse con el Amado en la desnudez más radical del éxtasis. Aquí, en estos poemas, resuenan los ecos de San Juan de la Cruz, de Teresa de Jesús, de Catalina de Siena, de Tomás de Aquino: Todos ellos, lámparas en la noche oscura, guías alegóricas que enseñan que la verdadera unión no es conquista, sino abandono; no es posesión, sino entrega.La poesía de Hidalgo no busca demostrar ni explicar; busca ser en el furor de lo que asciende espiritualizado. Sus versos —breves como versículos, diestros como aforismos teológicos, despojados de todo lo banal, semejante a la propia voz del alma que los dicta y que son destellos abiertos a lo inefable. Nos hablan de un corazón que florece “como rosa de nada”, de un alma que se vacía para que habite en ella la Verdad, de un Cristo que “camina dentro” del poeta y lo transforma en obra de la gracia divina. Pero también la noche es poema del miedo ontológico, de la desnudez hecha metáfora de la cristiandad celebrada en las alabanzas del verso . Porque, como la autora misma nos recuerda, “la verdad que se busca no se posee, a la Verdad se la sirve”; y solo puede alcanzarse cuando “uno llega a experimentar del todo la cruz”.Este libro es, en su esencia, una escalera de perfección. Cada poema es un peldaño —a veces luminoso, a veces oscuro celestial— que invita al lector a ascender o descender hacia el centro de sí mismo, donde lo divino aguarda en silencio cada ofrenda sagrada. No hay aquí un camino lineal; hay, más bien, un espiral de enamoramiento que se profundiza en cada vuelta, en cada palabra devota que se despoja de artificio para volverse oración poética.Y es que la poesía de Hidalgo es, ante todo, absoluta sumisión de la creyente entregada a las pasiones del espíritu. No es su poesía esa oración que pide, sino oración, verso, poesía rezada que se ofrece abierta como un altar donde Dios habla y el ser agudo y en vigilancia, escucha y acata. En este libro el estilo remite de modo omnisciente a la estela del Cantar de los Cantares —”Mi Amado es para mí, y yo soy para mi Amado”—, sus versos cantan la reciprocidad del amor divino, revelando esa transfiguración de la pertenencia mutua, humana y sagrada en conjunción, que constituye el núcleo de toda experiencia mística.Los trovadores medievales llamaban joi a esa alegría que nace del amor perfecto; los místicos españoles la llamaron unión transformante. Hidalgo, en su propio registro, la nombra como “la chispa interior”, “la fuente de la divinidad”, “el fuego del amor que me tiene presa”.En definitiva, es aquello secretamente deseado. La voz de Hidalgo, sutil y aguda, se suma a esa larga tradición que, desde los salmistas hasta los grandes maestros del espíritu, ha intentado decir lo indecible: Que Dios habita en el fondo del alma, y que allí, en esa morada misteriosa, todo es luz hacedora , todo es quietud genésica.Pero este libro no es solo para quienes ya conocen el camino hacia la realidad espiritual . Es también para los que buscan, para los que dudan, para los que, como la autora, han explorado, con claridad oscura y dolor gozoso, “todos los vallecitos del alma” y solo han encontrado su propio vacío como reto del alma. Porque ese vacío , nos dice Hidalgo, es precisamente el lugar donde Cristo aparece, “sencillo, descalzo, con sonrisa reciente”.Aide Hidalgo ha escrito un libro como bálsamo que se lee y se respira, sobre todo, hacia nuestra interioridad. Es un libro arrodillado que reza por nosotros. Y al leerlo, o sea al rezarlo, el corazón del lector —quizá por intuición creyente— comienza a rezar solo. Quizás, como existencia vital, esta sea la experiencia que todos compartimos: La de haber sido amados por dios. En cada poema de este libro, la fuerza espiritual de sus versos, nos revela lo más humano que podemos llegar a ser.

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