Antología de José Ramón Yepes
En 1830 un niño de ocho años se rompe una pierna jugando en la orilla del lago de Maracaibo. El hueso queda mal y hay que embarcarlo a Caracas, donde lo atiende José María Vargas. Cincuenta y un años después, un general de brigada de cincuenta y ocho resbala en el muelle de la misma ciudad, se golpea la cabeza contra el borde y el cuerpo se desliza al agua. La familia lo recupera al día siguiente. Durante sesenta y ocho años se creyó que había muerto ahogado; la exhumación de 1949, ordenada para llevarlo al Panteón Nacional, mostró la fractura de cráneo. Entre las dos caídas —la de la pierna y la del cráneo, ambas al borde de la misma agua— cabe entera la obra de José Ramón Yepes.
De la creencia equivocada salió la leyenda. Contaron que al hundirse el poeta en las aguas oscuras la gente vio levantar el vuelo un cisne, y desde entonces se le llamó el Cisne del Lago. Rafael Yepes Serrano publicó en 1892 un opúsculo con ese título en la Imprenta Americana. El apodo se pegó y sirvió después a los antólogos, que rara vez desconfían de un apodo.